Despertar el instinto

Lo tenía bien adormecido, como una bestia mansa, apenas me acordaba de él. Pero la maternidad te hace despertar el impulso, te recupera el olfato, esa sabiduría que sale de dentro de tu estómago y que ruge como un león cuando uno de tus hijos está en peligro. Esa intuición de saber qué les pasa por la cabeza sin haber hablado siquiera con ellos, sólo con mirarles la cara. Ese instinto que tenía callado, ahora cuando soy madre lo experimento de vez en cuando, y aunque mi cabeza y mis pensamientos intenten silenciarle, cuando se trata de mis hijos, siempre gana la batalla.  Por mis hijos mi instinto se hace camino, va derribando los muros de las convenciones sociales, hace huecos en la cárcel de mi vergüenza y mi educación y acaba imponiendo su criterio, cueste lo que cueste.

Este fin de semana mi hija ha estado muy enferma, con fiebre, pero sin ningún otro síntoma, aparte de un dolor difuso de tripa y cabeza. Fui a dos urgencias y tres pediatras la examinaron. Todos pensaban que era una madre histérica, que cuando su hijo tiene un virus va corriendo al médico pensando que se le muere y me mandaron a casa. Pero mi instinto seguía rugiendo, algo estaba mal en mi hija, por mucho que tres médicos me dijeran que no, y el lunes por la mañana se impuso de nuevo ese león feroz que tengo dentro y me presenté ante mi pediatra, el cual finalmente le diagnosticó una infección de riñón y me dijo que le sorprendía mucho que ninguno de los médicos antes, con la misma información que él, no hubieran dado con el problema. Tras recetarle el antibiótico mi instinto se relajó, el león se tranquilizó, y yo desde ayer puedo dormir. La peque está bien, con el tratamiento en unos días estará como una rosa. Si hubiese pasado un día más, las consecuencias podrían haber sido irreversibles con una lesión en el riñón. Así que no puedo estar más que agradecida a mis pediatras.
He aprendido mucho estos días, y en especial he vuelto a creer en mi interior, en mi corazón, en esa voz que tenemos todos y que por no sé qué tipo de magia sabe lo que está bien y lo que está mal. Esa sabiduría ancestral que compartimos con todos los animales, pero que el hombre, de tanto pensar y tanto razonar ha conseguido callar. Si hubiese dado más protagonismo a mi instinto, sé que mi vida hubiera tomado otro rumbo … pero eso ya no se puede cambiar, ni quiero.
Aunque mirando hacia el futuro quiero empezar a escucharme más y pienso que esa intranquilidad de espíritu que arrastro desde joven igual se debe a que no he dejado rugir a mi león cuando debía.Creo que la primera vez que lo volví a escuchar con fuerza fue cuando nació mi primera hija. Allí en la habitación del hospital, a medida que empecé a recibir visitas y comentarios de todo tipo, mi león empezó a rugir, quería estar solo con mi bebé, no quería que nada ni nadie hiciera daño a esa cosita que tenía entre mis brazos… me asusté. Esa voz interior tan potente y tan feroz me dio miedo, yo no quería darle mi bebé a nadie en brazos, porque el león cada vez que lo hacía empezaba a rugir y a revolverse en mi estómago, pero al mismo tiempo me sentía mal por sentir así, me culpaba por querer híperproteger a mi bebé. Me parecía irracional. Pero es que el instinto es irracional. Como el lunes, que después de tres médicos diciendo que era un virus estomacal yo, sin estudios de medicina ni conocimientos de ciencia me levanté de la cama y me fui al médico. Más bien mi león interior me arrancó de la cama y me empujó a la calle.
Así que intentaré abrir de vez en cuando la celda de mi león, que salga más a pasear, que se sienta un poco libre entre tanta obligación, expectativa social e imposiciones de la vida actual. Intentaré recuperar mi olfato, escucharme más, ser más impulsiva, confiar más en mis intuiciones y actuar con más decisión. 

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