¿Cómo puede un niño abrirle los ojos a un adulto? Parte VII

 

Esto es un resumen de una de las ideas que me han marcado leyendo el ensayo sobre educación “Padres conscientes: Educar para crecer” de la doctora Shefali Tsabary. Si queréis leer la introducción y el resto de partes podéis empezar en este enlace.

Los hijos son como una esponja

El libro también insiste en esta idea, que muchas veces olvidamos. Tus hijos te imitan. Lo absorben todo. Cualquier gesto nuestro lo absorben, se empapan de todas nuestras reacciones, ya sean buenas o malas: cómo les despertamos por la mañana, cómo reaccionamos ante una mala nota en la escuela, nuestra forma de conducir, cómo hablamos con nuestros amigos… ellos lo ven y lo asumen como la realidad. Enseñamos más por el ejemplo que damos que de ninguna otra manera. Los niños lo ven y lo imitan todo. También detectan planes ocultos.

Nos imitan en todo lo que hacemos. En nuestros reacciones, si somos miedosos, pesimistas, dudosos, desconfiados. Si en cambio somos alegres, valientes, confiados ellos nos seguirán: seamos, pues, como queremos ver a nuestros hijos. Eduquemos con el ejemplo.

Perciben nuestro ánimo en la vida y aprenden que ese es el ánimo correcto. El único que existe. Si somos felices y alegres irradiaremos esa felicidad. Si nos ven tristes, ansiosos o pensando en el futuro, ellos aprenderán a ser así. Así que, si ves algún comportamiento en tu hijo que no te gusta, reflexiona acerca de dónde ha salido ese comportamiento y si igual lo ha sacado de ti.

Y piensa que muchos de tus comportamientos y reacciones también son herencias. Que si algo de ti no te gusta no te resignes a pensar que eres así, si no más bien se consciente del fallo y busca una manera de cambiarlo.

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