¿Cómo puede un niño abrirle los ojos a un adulto? Parte VI

 

Esto es un resumen de una de las ideas que me han marcado leyendo el ensayo sobre educación “Padres conscientes: Educar para crecer” de la doctora Shefali Tsabary. Si queréis leer la introducción y el resto de partes podéis empezar en este enlace.

La herencia educacional

El libro hace hincapié en una idea que me ha ayudado a entender muchas de mis reacciones ante mis hijos y ante mi pareja y amigos o compañeros de trabajo. La autora lo denomina el “peso de la generación” o “herencia educacional”. Es como si fuéramos lastrando un peso de generación en generación recreando las dinámicas de nuestra historia familiar.

  • La primera dinámica es la jerarquía. Tradicionalmente la relación paterno-filial ha sido jerárquica. Uno manda, el otro obedece. La disciplina consciente, en cambio, no se basa en esta relación del uno frente al otro, sino en una dinámica circular en el que padres e hijos se encuentran a un mismo nivel. Así, dotamos a los hijos de una mayor libertad y a nosotros paciencia para escucharles y entenderles. La primera inconsciencia que pasamos de generación en generación, sin apenas darnos cuenta, es la del estilo parental jerárquico: nosotros conocemos la verdad y nuestros hijos no. Es imprescindible eliminar cualquier sentimiento de superioridad. Relaciónate con tus hijos de tú a tú. Los padres conscientes confían sin reservas en la intuición de sus hijos con respecto a su destino.
  • La segunda dinámica que transmitimos de generación en generación es la frustración. Si no somos conscientes de nuestros sentimientos, de nuestro cansancio y de nuestras ansiedades, acabamos descargando nuestra frustración en ellos, de tal forma que nuestros hijos llevarán incorporadas nuestras emociones no procesadas, lo que significa que ellos de adultos también actuarán de manera desequilibrada. El ciclo de dolor se mantiene de generación en generación. Por eso, muchas veces identificamos en nosotros pautas de comportamiento que veíamos en nuestros padres. Es nuestro inconsciente, lo que aprendimos de niños. Si alguna de esas actuaciones o reacciones no nos gustan, tendremos que ser conscientes de donde provienen para poder evitarlas.

Cada uno de nosotros hemos heredado elementos de inconsciencia de generaciones pasadas y no solo de nuestros antepasados, sino también del inconsciente cultural, social y colectivo. Nuestra inconsciencia está en función de la inconsciencia de todos los que nos rodean. El primer paso es reconocerlo, verlo y ser conscientes, para poder cambiar todo aquellos que no nos gusta.

Para ser padres conscientes tenemos que aprender a responder a la realidad de una manera consciente y no a partir de impulsos ciegos, utilizando más la razón que la reacción, y empleando la voluntad activa con preferencia sobre el condicionante pasivo.

Los hijos no deben heredar nuestra inconscienca, sino al revés, están ahí para hacernos conscientes de ello y ayudarnos a excavar en ella.

¿Igual es el momento de parar y de mirar hacia dentro, hacia nuestra propia esencia para poder ver la de nuestros hijos y acompañarles en su destino, en vez de moldear sus vidas? Si como padres no tenemos clara cuál es nuestra brújula interior, ¿cómo podemos dar orientación a nuestros hijos?

¿Tenemos una filosofía parental? ¿Nos hemos sentado a pensar cómo queremos educar a nuestros hijos? ¿Por qué en el trabajo planificamos tanto y en nuestra vida personal no?

Yo en ninguno de mis tres embarazos me planté siquiera esa pregunta fundamental. Está claro que todos queremos lo mejor para nuestros hijos, pero ¿nos hemos sentado realmente a pensar qué es “LO MEJOR”? O dejamos que la familia, la sociedad y nuestra propia experiencia nos lo imponga. Al no ser conscientes de qué es lo mejor en lo más profundo del ser humano, nos guiamos por la inconsciencia. por nuestra herencia… ahí la clave, nos equivocamos educando a nuestros hijos, no por falta de amor (todos queremos con locura a nuestros hijos) sino por falta de consciencia. No somos conscientes, no nos damos cuenta de la dinámica que se genera en nuestras relaciones con los hijos guiadas por nuestras frustraciones, nuestros deseos o nuestros complejos. Por eso el dicho de que “la historia se repite”, en el fondo dejamos que nuestra herencia emocional nos guíe en vez de sentarnos a pensar qué es lo que queremos en la vida.

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