¿Cómo puede un niño abrirle los ojos a un adulto? Parte V

Esto es un resumen de una de las ideas que me han marcado leyendo el ensayo sobre educación “Padres conscientes: Educar para crecer” de la doctora Shefali Tsabary. Si queréis leer la introducción y el resto de partes podéis empezar en este enlace.

Cómo nuestros hijos nos pueden enseñar a bailar con la vida

Además, otro problema de nuestro Ego es que se niega a aceptar la vida tal como es. Se resiste a aceptar que nuestros hijos, pareja, compañeros de trabajo son como son. En cambio queremos que sean de otra manera, negando la realidad. Queremos que todo baile a nuestros gusto.

Y el Ego en vez de buscar una solución creativa y constructiva REACCIONA cuando las cosas no salen como esperábamos. El Ego nos impide comprender que “el primer paso para cambiar la realidad no es oponerle resistencia sino aceptarla. Y cuando la aceptamos podemos responder y no reacciona.”

Cuando aprendemos a aceptar el conjunto de nuestra experiencia, el hecho de que las cosas a veces no salen según lo previsto, sino que tienen su dinámica propia, comenzamos a bailar con la vida”. “La vida no es intrínsicamente buena o mala, sólo es; como las olas del mar. La única forma de vivir es entrando en ella tal cual es. Cuando nadamos en el mar, permitimos que las olas nos muevan. Aceptamos que no dominamos el mar.”

¿Y qué tienen que ver nuestros hijos en todo esto? Pues ellos son una oportunidad única para aceptar esto. Desde el primer día después de dar a luz, nos damos cuenta de cómo nuestra vida ha cambiado por completo. El bebé impone otro ritmo de sueño, de comidas y de ocio… y nos obliga a ir más allá de nuestros deseos egoístas y estar presentes para otra persona. Y nos demuestra que lo importante es el momento, el aquí y ahora.

Los niños nos enseñan a vivir a otro ritmo más lento y consciente.

Si nuestros hijos nos ven enfrentándonos a la vida, quejándonos de ella, ellos harán lo mismo. En cambio, si nos observan fluir con la realidad, sin tensión ni ansiedad, aprenderán a vivir la realidad así.

El famoso “Be water my friend” es mucho más que el anuncio de un coche, es toda una filosofía de vida expuesta con gran poesía por Bruce Lee. No impongas tu voluntad a la vida. Acepta sus aguas tranquilas y sus aguas turbulentas. Cada situación es una oportunidad para aprender y eso es lo que podemos enseñar a nuestros hijos: Descubrir las lecciones emocionales que hay detrás de cada experiencia. De esta manera les ayudamos a ser dueños de sus vidas y a no considerarse víctimas.

Finalmente, la autora retoma un concepto budista que me gusta mucho “Confía en la vida: La vida cuidará de nosotros desde el punto de vista espiritual. Si aceptamos esto, ya nada nos dará miedo”. Esto ya son palabras mayores, y yo nunca lo he logrado, pero al menos aspiro a ello.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.