¿Cómo puede un niño abrirle los ojos a un adulto? Parte IV

 Esto es un resumen de una de las ideas que me han marcado leyendo el ensayo sobre educación “Padres conscientes: Educar para crecer” de la doctora Shefali Tsabary. Si queréis leer la introducción y el resto de partes podéis empezar en este enlace.

El peligro de nuestro ego

Otro tema que me ha gustado mucho en el libro es el tema del ego y el peligro que tienen las reacciones de nuestro ego en nuestra relación con los hijos.

Si no estás satisfecho con tu vida, puedes caer en utilizar a tu hijo para completarte y curar esa insatisfacción. A veces lo que queremos es ser madres perfectas, tener una familia de anuncio y, sin darnos cuenta, acabamos utilizando a nuestros hijos para sentirnos bien o protegernos de nuestros miedos. Nos cuesta aceptar que a veces somos padres para satisfacer nuestros deseos.

Todos queremos que nuestros hijos sean especiales, porque así nos sentimos especiales nosotros. Pero ¿A qué precio para ellos?”Es esencial ser conscientes de que no podemos usar a nuestros hijos para curar una parte dañada en nuestro interior o para llenar un vacío en nuestras vidas.

Es esencial no imponer a nuestros hijos los sueños de nuestro EGO.

Muchas veces pensamos que nuestros hijos nos hacen sentir nerviosos, nos sacan de quicio, nos ponen al límite, cuando en el fondo NADIE nos puede hacer sentir de una determinada manera. NADIE tiene el poder de provocarnos infelicidad en situaciones normales.

Con independencia de lo que pueda parecer a primera vista, en lo más profundo de nuestro ser nadie tiene ese poder. Las semillas de la irritación, la impotencia, la frustración o la tensión sólo pueden florecer si ya estaban dentro de nosotros. El grado en el que llegamos a estar emocionalmente agitados a causa de los niños refleja el grado en que ya estábamos agitados por dentro. Es como la conducción de un vehículo. Muchas personas ante el tráfico se transforman en violentas y gritan, pero más que la causa estar en la situación externa, la tensión y la excitación vienen de dentro, de una ansiedad vital mucho más profunda.

El peligro de tener ansiedad o dudas internas es que no seamos conscientes de ellos. Si somos conscientes de nuestros problemas, sabremos que muchas de nuestras reacciones vienen de ahí y no provocadas por una supuesta conducta inadecuada de nuestros hijos. Es importante preguntarse: ¿Estoy actuando a partir de mis necesidades y mis problemas no resueltos?

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