¿Cómo puede un niño abrirle los ojos a un adulto? Parte III

 

Esto es un resumen de una de las ideas que me han marcado leyendo el ensayo sobre educación “Padres conscientes: Educar para crecer” de la doctora Shefali Tsabary. Si queréis leer la introducción y el resto de partes podéis empezar en este enlace.

El miedo al vacío: Hay demasiado ruido en nuestras vidas

Hoy en día nos quejamos de que no tenemos tiempo para nada, y en vez de vaciar nuestro día de obligaciones y actividades tendemos a llenarlo cada vez más. Esta locura de actividad desenfrenada nos lleva a no saber qué hacer en los ratos muertos, en las esperas cotidianas o un domingo por la tarde. ¿A quién no le ha entrado alguna vez la depresión del domingo por la tarde? ¿O quién no ha llenado su agenda de planes, citas y quedadas por inercia y por miedo a no tener nada que hacer?

El miedo al vacío, a estar solos, en definitiva a la muerte, nos lleva a llenar nuestras vidas con ruido, porque eso aumenta la sensación de estar vivos.

En cambio, Tsabary en su libro nos invita a aceptar que la vida y la muerte son puntos de continuo. Cuando aceptamos el carácter efímero de nuestra existencia, tenemos poder para disfrutar de sus maravillas cotidianas. De cada momento cotidiano con nuestros hijos.

Y lo mejor es que nuestros hijos nos pueden ayudar en este camino, porque ellos son plenamente conscientes del presente: nos enseñan realmente a vivir. Los niños habitan el momento presente de modo natural. La autora explica que si somos conscientes de que el único momento importante es el presente, ya no necesitamos llenar el día de actividades. Ya no necesitamos definir nuestra personalidad con la cantidad de cosas que hacemos, cuánto ganamos, nuestro aspecto, nuestras relaciones, nuestras pertenencias o los hijos que tenemos. Permitámonos ser en vez de tanto hacer. Renunciemos a las “urgencias” del hacer de nuestras vidas y valoremos de nuevo la calma y la soledad.

Un aspecto de la vida es la calma y la soledad y es importante que transmitamos a nuestros hijos que la soledad es tranquilidad y que no hace falta llenar su vacío con ruido. Si llenamos a nuestros hijos de juguetes no podrán desarrollar su creatividad. Para usar su creatividad necesitan tranquilidad, aburrimiento y pocas cosas a su alrededor.

Con nuestros hijos esto significa:

  • Despertarlos con abrazos
  • Cantar y gastar bromas en el camino al colegio
  • Reírte con ellos
  • Ver un caracol y pararse a observarlo
  • Aceptarse sin vergüenza, ser espontáneos como ellos
  • Deleitarnos con su presencia
  • Cogerles de la mano
  • Comer juntos
  • Pasear juntos
  • Mirar la luna juntos
  • Leer un libro
  • Viajar en silencio, en vez de con una película
  • Pintar en silencio
  • Escribir un diario

Tenemos que vivir la vida sin pensar en el resultado, sino disfrutando del proceso. Porque si no, estaremos siempre viviendo hacia el futuro, sin estar realmente presentes en el día a día.

  • Estudiar piano por el placer de aprender y no por el objetivo de cumplir la lección.
  • Estudiar ciencias por el mero placer de conocer el mundo y no para sacar un sobresaliente en el examen.
  • Trabajar con cuidado para que el trabajo esté bien hecho y no para ascender o ganar puntos con el jefe o para recibir reconocimiento social.

Muchas veces me tengo que recordar que la vida no va de “ser la madre perfecta con la casa perfecta y los niños perfectos, que saludan con una sonrisa, tocan el piano, son buenos amigos y encima sacan buenas notas.”

El profesor de piano de mis hijas tiene tres hijos. El mayor no toca el piano. Al parecer intentó la guitarra, pero lo dejó, y mi profesor, que es un músico de jazz empedernido, que ama la música por encima de todo y que se dedica profesionalmente a ello, simplemente dice: Es que él es un deportista. Me parece un acto de confianza y de aceptación tan grande.

La vida no tiene que ver con el dinero que ganes, sino con hacer las cosas por el puro placer de hacerlas.

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