¿Cómo puede un niño abrirle los ojos a un adulto? Parte II

Children playing on summer sunset happy time

Esto es un resumen de una de las ideas que me han marcado leyendo el ensayo sobre educación “Padres conscientes: Educar para crecer” de la doctora Shefali Tsabary. Si queréis leer la introducción y el resto de partes podéis empezar en este enlace.

Libera a tus hijos y libérate a ti mismo: Aceptaos tal y como sois

En el día a día tengo la sensación de estar corriendo detrás del reloj y de que no tengo tiempo de disfrutar de mis hijos. Desde fuera me veo sermoneando, siempre obsesionada con enseñarles a ser “buenos” y “educados”. Y mientras tanto pierdo la ocasión de mirarles a los ojos, mirarles en su interior y maravillarme de sus sentimientos, de su creatividad y su singularidad.

En ese ritmo frenético, muchas veces no podemos evitar proyectar nuestras ilusiones y necesidades en ellos, incluso con la mejor de nuestras intenciones. “Caemos en la trampa de imponer nuestros planes”. No comprendemos que al querer imponer nuestros deseos, estamos limitando su espíritu. Al igual que nuestros padres hicieron con nosotros. Ahora de adultos, ya no están nuestros padres, pero seguimos auto-limitándonos con el ambiente que nos rodea, con el “qué dirán” y no nos permitimos ser libres. Esta limitación la transmitimos a nuestros hijos.

¿Igual es el momento de parar, de preguntarnos por nuestra propia esencia y poder así, más libres, acompañar a nuestros hijos en la búsqueda de la suya?

Por eso el libro insiste tanto en la importancia de liberar a nuestros hijos de que necesitan nuestra aprobación. Demostremos que les queremos por que sí, honremos su presencia, como dice Shefali:

Diles lo feliz que eres sentado a su lado, recógeles del cole y diles lo mucho que les has echado de menos: díselo mucho y demuéstraselo aún más. No tienen que hacer nada para ganarse nuestro amor. Así en el futuro no necesitarán validaciones externas ni buscaran elogios.”

Es importante saber aceptar a nuestros hijos tal y como son: tranquilos o nerviosos, estudiosos o distraídos, deportistas o músicos, etc. Es esencial aceptar sus virtudes y sus defectos, al igual que debemos aceptarnos a nosotros mismos.

Si no aceptamos a nuestros hijos como son, entonces está el peligro de que ellos empiecen a encarnar un personaje y se alejen de su verdadera personalidad. Evitemos moldear su personalidad. Es muy fácil caer en la idea de querer que nuestros hijos sean como esperamos y ellos, en su afán por obtener nuestra aceptación y aprobación, se acaban transformando en algo que no son y de adultos serán “incapaces de encontrar su vocación en la vida, debido a un sentimiento de culpa, en virtud del cual, si hicieran lo que realmente quieren hacer, de algún modo decepcionarían a los demás.”

Como padres nuestra función no es determinar el rumbo que debe llevar la vida de nuestros hijos, sino la de acompañarles en el camino.

¿Qué os parece esta idea? ¿Da respeto soltar el lastre y dejarles ser libres, verdad? Más miedo da aún darnos esa libertad a nosotros mismos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.