¿Cómo puede un niño abrirle los ojos a un adulto? Parte I

“Padres conscientes: Educar para crecer” de la doctora Shefali Tsabary

Cuando un libro lleva el prólogo del Dalai Lama, uno tiene la seguridad de estar ante una lectura interesante. Si ya el libro “Peaceful Parenting” de Laura Markham me marcó en su día, el ensayo de Shefali Tsabary ha dejado una profunda huella en la relación con mis hijos y mi manera de acercarme a ellos.

El libro más que un libro sobre educación, es un libro sobre cómo vivir basándose en la idea principal de que la fuente esencial de toda felicidad es el amor y la compasión. La generosidad y el afecto incondicional hacia los demás es la llave de una vida plena y alegre.

Cómo decía Leon Tolstoi:

A un gran corazón ninguna ingratitud lo cierra, ninguna indiferencia lo cansa”. Y es que ante una sonrisa, todo el mundo responde de manera positiva.

Pero poner esto en práctica es lo más difícil. El miedo, la frustración, los celos, las inseguridades y nuestro rencor nos impiden amar de manera incondicional. Cuando somos padres nadie duda de que amamos profundamente a nuestros hijos, pero aun así, somos incapaces en muchas ocasiones de responder con amor a los retos de la paternidad. Muchas veces arrastramos estilos de educación que están muy enraizados en nosotros por nuestra propia infancia y por la sociedad que nos rodea.

La buena noticia es que las normas de educación que conocemos no tienen por qué ser las correctas. ¿Cuántas veces hemos escuchado a personas defendiendo el uso de un “cachete a tiempo” en la educación, justificándose que ellos también lo recibieron y ahora son unos adultos respetables? Educamos, enseñamos y nos comunicamos con nuestros hijos siguiendo los patrones que hemos vivido. O siguiendo las pautas que nuestro entorno espera que sigamos.

Pero, ¿cuando paramos y cuestionamos esta forma de actuar, de relacionarnos y de vivir con nuestros hijos? En general, ¿cuándo nos permitimos parar, bajarnos de la rueda y cuestionarnos si nuestras decisiones fundamentales y nuestra forma de vivir es la que queremos?

Esto es a lo que nos invita precisamente este libro: a parar y a través del cuestionamiento de nuestro estilo parental adentrar en nosotros, enfrentarnos a nuestros miedos más oscuros y plantearnos qué queremos realmente para nuestros hijos, y al mismo tiempo y de manera inevitable, preguntarnos qué queremos realmente para nosotros. El libro nos anima a cuestionarnos como personas a través de la educación de nuestros hijos.

Lo que más me ha gustado del ensayo es cómo le da la vuelta a la tortilla: En vez de centrarse en los hijos y en su educación, la autora explica cómo el proceso parental trae para los padres una serie de lecciones emocionales y espirituales que nos pueden ayudar a cambiar y a mejorar como personas. Gracias a nuestros hijos podemos cambiar. Son ellos los que nos enseñan y ayudan, y no al revés. Este libro no pone el foco en los hijos sino en los padres. Si queremos educar a nuestros hijos siguiendo unos valores y unos criterios espirituales, somos nosotros primero los que tenemos que evolucionar y mejorar, no ellos.

En palabras de su autora, la paternidad:

es una continua lección de humildad, la enorme oportunidad que ofrece la crianza de un hijo para deshacernos de nuestra vieja piel, liberarnos de patrones trasnochados, implicarnos en nuestras formas de ser y evolucionar y convertirnos en padres conscientes”.

Nuestros hijos pueden enseñarnos más en nuestro desarrollo espiritual que nosotros a ellos. Un niño está para abrirnos los ojos a nosotros y enseñarnos que tenemos todavía mucho que aprender. La función de nuestros hijos es enseñarnos a vivir la vida con más presencia, más autenticidad y con una espontaneidad alegre, que como adultos hemos perdido.

Sí, los hijos nos ponen a prueba. Nos demuestran nuestra inmadurez, nuestro poco control de las emociones, estallamos con ellos, y les echamos la culpa, en vez de cuestionarnos por qué respondimos con tanta violencia a sus acciones. Y esto se hace extensivo al resto de relaciones humanas que tenemos:

En vez de ser víctimas y echar la culpa al otro de cómo nos sentimos, deberíamos darnos cuenta de que no hay enemigos, sólo guías para el crecimiento interior.

Todo lo que nos rodea, todas las dificultades vitales, todas esas personas que nos hacen sentir mal, son oportunidades para mejorar. Cualquier obstáculo, sea una persona o una situación es una invitación a crecer.

Llevo semanas leyendo y releyendo el libro. Muchas son las lecciones que he podido sacar. Aquí quiero compartir a modo de entradas del blog algunas de las ideas del libro que más han resonado en mi interior. Las iré publicando en las próximas semanas, por si alguien quiere profundizar más:

  1. Libera a tus hijos y libérate a ti mismo: aceptaos tal y como sois
  2. El miedo al vacío: hay demasiado ruido en nuestras vidas
  3. El peligro de nuestro ego
  4. Cómo nuestros hijos nos pueden enseñar a bailar con la vida
  5. La herencia educacional
  6. No olvides que los hijos son como una esponja
  7. Y ahora qué

¿Alguien conoce el libro? ¿Alguna lectura parecida para recomendar y seguir profundizando en este estilo parental?

2 thoughts on “¿Cómo puede un niño abrirle los ojos a un adulto? Parte I

  1. Venía hoy pensando hasta que punto nuestros hijos son cómo un espejo donde mirarnos. No tanto porque “reflejen” lo que somos, sino porque acentuan nuestros defectos. Mi hijo de tres es muy risueño. Mi hija y yo, somos más serias. Y cuando me veo reflejada en él, pienso que yo también debería sonreir más, ser más confiada, Sobretodo porque no quiero que él “copie” nuestra seriedad y siga siendo alegre y risueño. No es más que una reflexión en voz alta. Pero creo que me ha movido algo en mi interior.
    Creo que yo también voy a leer este libro. Deseando leer un poco más de lo que has aprendido de él

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