Fashion revolution y mi granito de arena

Hace unos meses por Instagram me uní al reto de escarabajos, bichos y mariposas de estar un año sin comprar nada. María a su vez se había inspirado en el libro de“A bunch of pretty things I did not buy” de Sarah Lazarovic, en el que la autora relata cómo durante un año estuvo sin comprar nada controlando sus “instintos consumistas”.

 Lo que me gustó del reto es que reconocí:

  • por un lado, que tengo mucha ropa. A pesar de la limpieza de armario que hice hace meses, y que mi propósito sea tener un armario sostenible,  sigo teniendo mucha ropa para todo tipo de eventos, ocasiones y estaciones del año.
  • y por otro, que compraba (y sigo comprando) muy impulsivamente y muchas veces buscando una sensación de placer o de satisfacción personal, que me dura unas horas o unas semanas.

El caso es que a los tres meses de estar sin comprar nada (para mí, a los niños todavía no los he incluido), en un ataque de “qué me pongo” y “qué mal me veo” caí y me compré dos camisas. Y a partir de ahí, aunque seguía fiel a mi criterio de no comprar nada en la teoría, en la práctica seguía cayendo en compras puntuales porque “lo necesito”. Y aunque procuraba comprar prendas “made in Europe” o “made green”, también caía en ropa barata y bonita a las que las marcas low cost nos tienen acostumbrados.

No duré ni tres meses, y mi sed consumista había vuelto a apoderarse de mí. 

Hoy he vuelto a pensar sobre ello. Hoy empieza la semana del “fashion revolution” o revolución de la moda y se conmemora el horrible accidente del derrumbamiento del edificio en Rana Plaza en Dhacca Bangladesh donde murieron  1133 personas.

1133 personas.

Y hoy se han visto publicadas de nuevo las imágenes escalofriantes del edificio y sus víctimas, que tanto nos sacudieron hace 4 años, pero que yo, al menos, ya había olvidado.

A todo esto se suma un documental que he visto hoy, aprovechando un viaje en tren. El documental se llama “En busca del sentido y relata la historia de dos amigos que se vuelven a encontrar 10 años después y que tienen vidas opuestas… Marc exporta agua embotellada a Nueva York, Nathanaël trabaja en la gestión colectiva del agua.. Después de la crisis del 2008, y después de ver documentales sugeridos por su amigo, Marc toma conciencia de que él también es parte del problema…Y empieza un camino de búsqueda de respuestas a las preguntas a la crisis de la sociedad consumista actual y a la crisis personal del protagonista. 

La película está llena de entrevistas inspiradores a personajes como Satish Kumar, Vandana Shiva, Pierre Rahbi o Bruce Lipton. Habla de la nueva economía social y economía verde que está surgiendo gracias a emprendedores e innovadores que se atreven a salir del “establishment” y buscar su propio camino. Habla de un cambio de era que estamos presenciando y de cómo el capitalismo, tal y como lo conocemos hasta ahora, está llegando a su cúspide. En nuestras manos está que ese giro sea hacia una economía más sostenible, colaborativa y centrada en proteger el medio ambiente.

La película va anotando problemas y soluciones y a uno le entran ganas de seguir investigando acerca de las personas entrevistadas y sus formas de pensar y ver el mundo. Pero para poder hacer ese giro con nuestros gestos, muchos de los entrevistados insisten en que hace falta una revolución interior, un cambio de paradigma profundo y una nueva manera de ver las cosas. Tenemos tan arraigados desde niños ciertas conductas y valores que nos cuesta desprendernos de ellas y confiar en que otra manera es posible. Mismamente yo, que he sido incapaz de seguir mi reto de “un año sin compras” y no sólo he comprado pasados tres meses, sino que además he comprado sin preocuparme por la procedencia ni por la composición de las prendas. Lo único que me importaba era la inmediatez y el precio. Y lo dicen muy claro en la película: El precio de una prenda o cualquier otro objeto de consumo no es el importe que aparece en la etiqueta, sino el coste social y ecológico que implica su creación y venta. Siempre decimos, oh, qué barato, voy a comprarlo…pero no pensamos en el resto de costes que determinados productos o actividades de ocio implican. Yo la primera. Me dejo llevar, mucho, y luego me siento mal. Me siento muy lejos de aquellas personas como por ejemplo las chicas de Slow Fashion Next o de otros proyectos sostenibles, que han asumido su responsabilidad y están aportando su granito de arena. 

Así que me propongo, más que un año sin compras, un año de fashion revolution. Es decir, de comprar para mí lo menos posible y si lo hago, que sea moda sostenible, que garantice unas condiciones de trabajo dignas y unos procesos de fabricación respetuosos con animales y el medio ambiente. Así que prescindiré de la inmediatez y los precios bajos, y espero poder así aportar algo de valor a esta revolución. Espero no tener que reconocer en unos meses que volví a caer en “esa ganga o en esa prenda que tanta falta me hacía”.

En redes sociales puedes apoyar la campaña haciéndote un #selfie con la ropa del revés preguntando #Quienhizomiropa a la marca en cuestión y compartiéndola en las redes sociales con los hashtags  #WhoMadeMyClothes #QuienHizoMiRopa, o imprimir los carteles que existen en la web y colocarlos en tu tienda o las fotos en tu web.

La clave es que esto no se quede en una revolución de un día sino en tener presentes siempre como consumidores los siguientes principios:

SE CURIOSO: Empieza a mirar qué hay detrás de tu ropa, de dónde proviene y con qué tejidos. Aprende sobre tejidos, formas de teñir y de trabajar las prendas. 


INVESTIGA: Pregunta a las marcas de donde proviene la ropa que compras. #whomademyclothes


ENTRA EN ACCIÓN: Si todos asumimos nuestra parte de responsabilidad del problema, antes podremos resolverlo. Por que todos sabemos que no habría moda barata y poco ética si nosotros no la compráramos. 

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